La transcreación va más allá de la simple traducción convencional, ya que es un proceso creativo que no solo se limita a traducir palabras. La transcreación convierte ideas y conceptos para que impacten de la misma forma y provoquen sensaciones parecidas. Para ello han de tenerse en cuenta tanto factores culturales como sociales.
Este término surgió en las oficinas de marketing de las grandes empresas millonarias de Estados Unidos a mediados de los 90, que perseguían dar con la forma en que la publicidad de un producto se realizase y se interpretara de manera adaptativa a cada público.
A pesar de ser tan importante en muchos campos, como por ejemplo la publicidad, este concepto parece ser desconocido para el gran público. En realidad, muchas veces acometer este tipo de traducciones supone un reto muy grande, ya que depende del traductor que la nueva forma de tratar la idea provoque lo que el autor original trata de suscitar.
Adaptar una idea no es fácil, pero un buen traductor a través del proceso de la trancreación puede llegar a evocar sentimientos y pensamientos similares a los que buscaba el creador de la obra. En el fondo se ha de ser un pequeño artista, dado que una traducción hecha de manera automatizada no podrá superar nunca a una traducción hecha cuidando cada detalle y cada matiz.
Aunque forma parte del oficio de traductor, la transcreación no es simplemente traducción y no se limita a traducir los textos palabra por palabra, sino en saber crear en el público objetivo las mismas sensaciones que se intentó transmitir con la obra original, aunque no hayan crecido bajo los mismos parámetros culturales.
Transcreación: un proceso creativo
Al traducir un texto, el traductor no solo debe limitarse a traducir solo lo que está escrito, porque a veces al traducirlo de forma literal pierde el sentido en el idioma traducido. Por ello, para realizar este proceso, el traductor debe saber entender la cultura y el contexto de la obra a traducir, a su autor o autores y al público al que va dirigido.
A su vez, tiene que ser una persona creativa y que sepa encontrar la manera de trasladar conceptos e ideas. Se cree que para que una traducción sea realmente buena debe abordar una adecuada adaptación cultural. Si el traductor es curioso por naturaleza, este proceso de indagación le resultará más sencillo.
Debido a todos estos factores has de saber valorar a estos profesionales, puesto que si las traducciones están bien hechas son excelentes. En ocasiones, estos profesionales deben elegir propuestas que se alejan de la original y dichos cambios pueden llegar a ser arriesgados. Sin embargo, si contratas servicios de traducción de calidad no tendrás contratiempos y los resultados serán óptimos.